Una vez me hicieron una prueba psicológica: "La vaca no está porque fue al baño".
En el Abismo Nihilista.
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En mi cabeza solo vibraba el zumbido de los cauchos del autobús sobre el asfalto, una y otra vez retumbaba, parecía que me iba a volver loco, pero es que, pensándolo bien, ya estaba loco, ¿Cómo se me había pensado escaparme a Andorra para ir tan solo a una fiesta? Lakuerter, le dicen, un nombre bastante extraño, a mí parecer, y estoy seguro de que quizás tenga un significado super especial y que proviene de algún lengua tan antaña que ni siquiera los abuelos la conozcan, pero el zumbido en mis oídos no me dejaba pensar más allá de aguantar las ganas de vomitar todo el alcohol que había consumido en el día.
-¡Hey David! -Susurré al mismo tiempo que Le patee la parte de atrás del asiento al que se suponía era mi mejor. No me respondió, estaba dormido, el alcohol a él lo noqueaba del sueño.
Volví a patear, esta vez con un poco más de fuerza. También subí la voz.
-Coño, David, levántate.-Sin respuesta alguna.
Lo que me faltaba, ahora iba en camino a otro país y mi compañero de viaje había caído en coma etílico, vaya fiestón me había montado.
-¿Qué pasa Lluis? -balbuceo Maria a mi lado. Se acomodó en el asiento dejándose caer sobre mi.
-No te va a contestar, está muerto, dale unas tres horas y quizás levante para vomitar, sino, lo perdimos hasta mañana.
“Mañana” esa palabra no me gustaba, yo debía estar de vuelta en mi casa, durmiendo en mi colchón y arropado con la cobija térmica de los Poder Ranger que mis padres me regalaron cuando cumplí 10. Solo me arropa hasta un poco por debajo de las rodillas, pero es que como calienta.
-Lo sé, pero es que de verdad creo que deberíamos regresar.
-Noooo, vamos bien.-La frase sonó como el cantar de las mil y un flojeras.
-Claro que no vamos bien, tenemos a una bomba de vómito a punto de estallar, entiendase como David, y como mucho 100 euros en efectivo.
María se levantó y lanzó su mirada de furia hacia mí. No le salió del todo bien, ella también estaba borracha, pero del sueño.
-¿Quieres que te recuerde lo que hicimos el verano pasado en Italia con tan solo 150 euros?
María lo que había hecho era putear, yo cuidarla, y David, como cosa rara, tomar fotografías y beber hasta perder la conciencia. No puedo negar que fue una de los mejores fines de semana de mi vida, pero es que no tenía un buen presentimiento de este viaje.
-Si quieres llamo a Rodrigo para que nos cuente cómo fue que tocó tu cuerpo cuál guitarra.
-Y si quiere yo te llamo a La gringa esa estúpida que no podía dejar de tocarte la entrepierna.
-Touché.
-ahora, ¿Quieres callarte y dejarme dormir? Sabes que el repiqueteo de la CG1 en mis oídos es mi sonido favorito para descansar.
-Pero puedes recordarme por qué coño es que tenemos que venir a Andorra? Sigo sin entenderlo.
María se levanto de nuevo, pero esta vez apoyó su mano sobre mi hombria y lo aplastó con todo su peso.
-¡Joder tía que no hagas eso! -Exclamé en voz baja.
-a ver, señor preguntón, primero, acaban de nombrar la fiesta de lakuerter como Interés turístico de Aragón, y esto puede funcionar para mi análisis de eventos folklóricos de espaciamiento social, segundo, escuché que Daniel va, y no puedo dejar hacerle la vida miseria desde que me dejó; tercero, me encantan los hombres ibéricos, y cuarto, porque me dió la gana, ahora sí comprendes?
-Donde está la botella? -pregunté sin más.
María se agachó y sacó una pequeña carterita plateada de debajo del asiento.
-Bebe hasta el fondo y a callar.
Tomé la cartera y tragué todo el alcohol en un solo halón.
María volvió a acostarse sobre mí.
-por cierto, a estas fiesta van un alrededor de mil quinientas personas de distintas partes del Bajo Aragón, España y Francia. Quizás podamos encontrar a tu madre allí.
Tomó mi mano y la besó con dulzura.
-hace cinco que la perdimos allí, cierto?
Eso era, habían pasado cinco años, y no lo recordaba, o por lo menos no del todo, puesto que mi cuerpo estaba hecho un manojo de nervios y no le había dado cuenta.
Sacudí la cartera para comprobar que aún quedaba un poco de alcohol dentro de ella, lo bebí.
-Sí… Fue hace cinco años.
Solté la presión en mi cuello y reposé mi cabeza contra la ventana. Vi pasar el cartel de Naturalandia, iluminaba toda la carretera sin ningún problema.
-La extrañas, verdad?
Respiré profundo.
-Ni te imaginas cuánto.
Cerré los ojos y me propuse dormir lo que restaba del viaje.